Pasar al contenido principal
"Si la derecha vuelve al gobierno en Uruguay, vendrá peor"
Salvador Sprovieri (FANCAP): "Las empresas públicas son una garantía de soberanía y de igualdad para todo el país"
Imagen
Salvador Sprovieri

El presidente de la Federación ANCAP (FANCAP), Salvador Sprovieri, aseguró que la industria del Portland tiene posibilidades de recuperación mediante cambios en la gestión y una mayor eficiencia, defendió el papel estratégico de las empresas públicas para garantizar «soberanía e igualdad territorial» y advirtió sobre el avance de la ultraderecha en la región. Además, reclamó «una política industrial que genere empleo de calidad», mejores salarios y una mayor contribución de los sectores de mayores ingresos para enfrentar la pobreza infantil.

La industria cementera de ANCAP, el papel estratégico de las empresas públicas, el Diálogo Social de la Seguridad Social, la situación económica, la seguridad y el escenario político regional fueron algunos de los temas abordados por el presidente de FANCAP, Salvador Sprovieri, en entrevista con el Portal del PIT-CNT.

El dirigente sindical defendió la necesidad de «fortalecer la empresa pública», afirmó que el Portland puede volver a ser una herramienta para el «desarrollo del país» y alertó sobre los desafíos que, a su juicio, representan el avance de la ultraderecha y la pérdida de derechos sociales.

¿Cuál es el escenario actual para FANCAP?

En cuanto al conflicto más importante, que es el de la industria cementera, la situación viene encaminándose hacia una negociación con el Ministerio de Industria, Energía y Minería. Es una negociación que se desarrolla en buenos términos y que, sobre todo, busca, de forma bipartita y procurando construir acuerdos, impulsar algunos cambios que le generen ahorro al Portland, mejoren la producción, aumenten la eficiencia y cuiden los gastos. Con eso buscamos alternativas al plan de ANCAP, que es un plan que está sobre la mesa, estamos tratando de encontrar un camino distinto, un tercer camino, para ver si podemos transitar por otra vía.

Desde la oposición se sostiene que la industria cementera pierde dinero.

La oposición intentó cerrarla durante el gobierno anterior. Hizo una licitación pública internacional que fracasó rotundamente. Y no solo fracasó, sino que, después de ese fracaso, abandonó la gestión, dejó de gestionar las compras, los repuestos y la producción. Abandonó todo a la “marchanta”. De hecho, la industria quedó por el piso como consecuencia de esa gestión de la entonces oposición cuando era gobierno. Sí, es parte de las razones por las que hoy pierde dinero, pero también es verdad que se puede recuperar.

¿Cuál es el valor estratégico de las empresas públicas, particularmente de ANCAP?

El valor de todas las empresas públicas es central, y uno lo ve en la vida cotidiana. Si prendés la luz en un barrio de Montevideo o en un pueblo de Rivera, es la misma luz y al mismo precio. Eso ocurre porque hay una empresa pública como UTE que decidió que debía haber electricidad en igualdad de condiciones para todo el país, aunque sea menos rentable llevar energía a un pueblo de 200 habitantes. Igual tienen luz e igual tienen internet, gracias a que ANTEL desplegó fibra óptica en todo el país.

Un caso paradigmático es el del Correo, que está dispuesto a brindar un servicio de distribución de medicamentos de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) para la gente que más lo necesita. Ahí también está el rol de la empresa pública. Una empresa pública como el Correo lleva los medicamentos a la persona que vive en un pueblo alejado y no puede trasladarse hasta el hospital porque vive lejos o porque no tiene un vehículo.

En el caso de ANCAP, está el tema de los combustibles. Es una garantía de abastecimiento, tanto de combustibles como del gas para las garrafas que utilizan todos los días las familias trabajadoras, especialmente en invierno. Además, siempre se habla del precio. Tanto el gas como los combustibles, si se importaran como producto terminado, serían carísimos, porque para las empresas exportadoras Uruguay no es un mercado apetecible, somos tres millones y medio de personas y muy pocos consumidores. Generar un embarque directo únicamente para Uruguay implicaría costos muy altos para esas empresas, y eso se trasladaría, obviamente, a los precios.

La ventaja de tener ANCAP es que permite refinar el combustible, y eso también brinda cierta soberanía. Lo mismo ocurre con el gas, la mezcla se realiza en la planta de La Tablada; no viene pronta para envasar. Hay un trabajo y un valor agregado que se generan específicamente en esa planta.

Además, hay por lo menos un par de negocios más. Uno es el de los lubricantes, que no sólo son de mejor calidad y compiten con los privados, sino que, en tiempos de guerra económica o de situaciones como un eventual cierre del Estrecho de Ormuz, contar con ANCAP representa una garantía. Más allá de que importamos los aceites base, podemos asegurar buenos precios y abastecimiento de lubricantes para el mercado.

También está el Portland. En este país el Portland es central. Si uno recorre, no tanto las rutas nacionales sino las carreteras alternativas, los caminos vecinales y, sobre todo, el interior del país, ve que el Portland tiene mucho para aportar. Es, además, un reclamo permanente de mucha gente del interior.

Tenemos un déficit muy grande de centros educativos y de centros de salud, y el Portland tiene mucho para aportar en ese sentido. Más allá de que en materia de vivienda impulsamos que la vivienda ociosa se incorpore al mercado, la realidad es que las cooperativas quieren comprar Portland de ANCAP y no pueden hacerlo porque ANCAP no gestiona bien ni la venta ni la producción. También existe la necesidad de un shock en materia de vivienda, donde el Portland de ANCAP debería cumplir un papel importante.

Y, por último, está Casupá, que es la obra insignia del actual gobierno. Por lo que sabemos, el directorio de OSE pretende realizarla utilizando Portland de ANCAP. Esperamos que esta ANCAP pueda cumplir con ese desafío y que la principal obra del gobierno se construya con Portland del Estado. Casupá es una obra que lleva adelante OSE para contribuir a solucionar el abastecimiento de agua potable en la zona metropolitana.

No solamente se trata de que haya una política nacional de compras públicas sino además, se debe tener una respuesta por parte de la empresa, que cumpla las expectativas. 

Exacto. y creo que la empresa tiene que mejorar. En eso estamos trabajando, para ver si las y los trabajadores podemos aportar a esa mejora.

¿Cómo?

Estamos tratando de impulsar algunos cambios para que se pueda producir mejor y más barato. Hay cosas que se pueden hacer sin una gran inversión, y eso es lo que venimos tratando de construir.

En el mundo hay una estrategia de las derechas, las ultraderechas y, en algunos casos, de grupos abiertamente fascistas, que trabajan contra de todas las conquistas y organizaciones sociales. ¿Qué visión tiene FANCAP y cómo creen que ese fenómeno está llegando a nuestro país?

El retroceso ideológico o el avance de la ultraderecha en el mundo y particularmente en la región, es preocupante. Si miramos a Chile, Argentina, Colombia, Perú, donde terminó ganando Keiko Fujimori, vemos un panorama complejo. Uruguay no es una isla dentro del continente.

La acción del imperialismo estadounidense y, particularmente, del gobierno de Donald Trump, que es exacerbadamente de derecha, una derecha cuasi fascista, y la forma en que está incidiendo en las elecciones de toda América Latina, porque realmente quiere quedarse con su patio trasero, son elementos preocupantes. En realidad, esas cuestiones van a llegar a Uruguay más tarde o más temprano.

Si bien nos enorgullecemos de tener una institucionalidad muy fuerte, partidos políticos sólidos y, más allá de quién esté en el gobierno o en la oposición, una realidad donde uno tendería a pensar que eso no va a entrar en Uruguay porque somos diferentes, creo que el movimiento sindical tiene que estar preparado para cuando lleguen las elecciones. Puede haber campañas sucias, campañas basadas en las fakenews, que busquen ensuciar el debate en lugar de discutir políticamente de verdad.

Seguramente hoy no aparezca algún líder “outsider” con propuestas extravagantes, porque creo que nuestra sociedad es más conservadora en ese sentido, pero van a empezar a preparar el terreno para eso.

También creo que, si bien el gobierno de Luis Lacalle Pou fue completamente neoliberal y un desastre, si uno lo compara con los gobiernos de derecha de los países vecinos, fue casi un gobierno de centro.

Si la derecha vuelve al gobierno en Uruguay, va a venir peor, con otra orientación marcada desde el norte y eso es todavía más preocupante.

Las conquistas que ha logrado el movimiento sindical tuvimos que defenderlas durante cinco años. Por eso, la expectativa de todas y todos era que en este quinquenio pudiéramos asegurar o conquistar algunos derechos que nos permitieran pararnos de otra forma. Pero esa avanzada viene y también llegará a Uruguay.

Las encuestas muestran un descontento general, un malestar y una desilusión tanto con el gobierno como con la oposición. ¿Cómo hay que leer ese malestar?

Creo que el gobierno viene equivocándose en algunas cosas. Y no digo que sea fácil estar en los zapatos del presidente de la República o del ministro de Economía, porque tampoco soy tan atrevido. Pero creo que se equivoca en la forma de comunicar. Hay cosas que se han hecho y no las comunica, y eso también es un problema que la izquierda ha tenido históricamente cuando le ha tocado gobernar, la escasa comunicación con la gente y con sus propios militantes.

Después hay otros errores, sobre todo en materia de política de empleo e inversión. Estamos en un país donde la crisis se nota. Quien vive del comercio hoy te dice: “Mirá, no hay plata en la calle, no se está vendiendo”. Hay una realidad marcada por precios altos, mientras los salarios y las jubilaciones no crecen.

Creo que esa política el gobierno debería revisarla porque, si quiere volver a ganar y realmente construir un país distinto, tendría que prestar mayor atención al trabajo, a los salarios y a las jubilaciones. Además, se necesita un cambio profundo en la política industrial, que genere otro tipo de empleo y otra forma de trabajo, con mejores remuneraciones.

Creo que por ahí el gobierno se está equivocando. 

Y hay otro tema que siempre ha estado presente: la seguridad. Es una realidad que la gente está cansada. No creo que se resuelva con la propuesta de utilizar vehículos blindados del Ejército, porque solucionar el problema de la seguridad no es fácil; si lo fuera, ya se habría solucionado. De hecho, creo que la izquierda ya lo habría hecho. Es un tema muy complejo.

Lo cierto es que la gente no quiere que la roben cuando sale a trabajar. No quiere dejar la ropa en la cuerda y que se la roben. No quiere que le arrebaten una cartera o un celular. Creo que hay que encontrar un equilibrio entre la presencia policial y una presencia fuerte del Estado que brinde alternativas a la gente y a los barrios.

En los barrios hay miles de personas trabajadoras a las que hay que ofrecerles oportunidades. Si no se generan esas oportunidades, muchos terminarán vinculándose a la delincuencia porque es el mundo que conocen. El microtráfico, por unos pocos pesos, termina siendo una salida para algunos jóvenes porque es lo que tienen a su alcance.

Hay que mejorar el empleo y los salarios. Yo, que soy de barrio, he escuchado decir: “¿Para qué voy a trabajar diez horas por 20 mil pesos, si con esto lo hago en un día?”. Entonces hay que trabajar en la cuestión salarial y seguramente también con los empresarios, para encontrar respuestas. Pero esto de los militares me parece más una medida para la tribuna que una solución que cambie realmente la situación.

La central planteó hace más de un año una sobretasa del 1% para los sectores más ricos del país, destinada a reducir la pobreza infantil. En esta Rendición de Cuentas aparecen algunas señales orientadas a combatir ese problema. ¿Por qué el movimiento sindical coloca énfasis esa propuesta?

La central ya lo ha dicho más de una vez. Tanto en la Rendición de Cuentas anterior como en la Ley de Presupuesto hubo algunos cambios en un sentido que podemos compartir, y eso siempre es positivo. Pero lo cierto es que existe una emergencia real vinculada a la juventud y a las infancias. Hay un sector de la población que no ha aportado. Desde los cambios introducidos en el IRPF hasta ahora, los trabajadores, los sectores medios, los pequeños y medianos empresarios y las PYMES hemos hecho un esfuerzo muy importante. Sin embargo, los grandes capitales y quienes realmente tienen más recursos no han contribuido en la misma medida.

Creo que está bien que, como movimiento sindical, sigamos insistiendo en este planteo, porque quienes tienen mayor capacidad económica tienen que entender que, en algún momento, también les corresponde hacer un aporte mayor al país, fundamentalmente en materia de recursos. Por eso es sano e importante que mantengamos esa reivindicación.

¿Cómo valora FANCAP los resultados del Diálogo Social en materia de Seguridad Social? 

El Diálogo Social tuvo un resultado positivo. No conseguimos todo lo que nos habíamos planteado inicialmente, pero sí logramos recuperar algunos aspectos que se habían perdido con la reforma del sistema de seguridad social impulsada por el gobierno de Lacalle Pou. Al menos pudimos sentar las bases para algunos cambios y algunas mejoras.

La posibilidad de jubilarse a los 60 años es una de ellas y es un avance importante. Si bien no es exactamente lo que queremos, sí representa un camino hacia ese objetivo. Es difícil recuperar derechos cuando se perdió un plebiscito, esa es una realidad, pero eso no significa que no se pueda avanzar nuevamente.

También hubo un aspecto muy positivo en relación con las AFAP y con el cambio que implica que la administración de determinados fondos pase al Estado, a través de otra figura. Si bien las AFAP continuarán teniendo un rol, ese cambio también es positivo.

El Ministerio de Economía salió a matizar algunos de esos planteos, pero lo cierto es que el diálogo social genera precisamente esas instancias, abre nuevas puertas. Las mesas de negociación sobre la búsqueda de recursos para el sistema de cuidados y sobre los monotributistas continúan abiertas, y procuraremos seguir avanzando.

En definitiva, creo que el Diálogo Social fue positivo, tuvo un buen resultado y nos deja bien posicionados para continuar avanzando.

Perfil 

Imagen
Salvador Sprovieri

Salvador Sprovieri nació en el barrio Malvín Norte, es muy hincha de Cerrito en fútbol y de Atenas en básquetbol. Es hijo de Humberto Sprovieri, profesor de Matemática, y de Silvia Pereira, trabajadora de distintos oficios. Durante su infancia vivió once años en Brasil, adonde su familia se trasladó por motivos económicos, luego de que su padre consiguiera trabajo en el área de ingeniería de sistemas en San Pablo. Allí atravesaron la crisis económica brasileña de 1999. Posteriormente regresaron a Montevideo, donde también debieron afrontar la crisis de 2002. "Fue toda una experiencia dura atravesar las dos crisis"

Es padre de Joaquín, de 14 años, quien cursa tercero de liceo.

Su vínculo con ANCAP comenzó en 2010, cuando ingresó como trabajador tercerizado en la imprenta de la empresa, que aún se encontraba en funcionamiento. En 2014, tras desempeñarse en el Servicio Médico, ganó un concurso e ingresó como funcionario presupuestado de ANCAP. Cuando el Servicio Médico fue cerrado, pasó a desempeñarse en el área de Jubilaciones de Personal y, posteriormente, mediante un nuevo concurso, fue destinado a la planta de La Tablada.