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Datos e indicadores
La masa salarial perdió un 12% de participación en el PBI desde 1998, según estudio del Instituto Cuesta Duarte
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Cuesta Duarte

Un informe del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT señala que, aunque la masa salarial creció un 54% entre 1998 y 2025, el Producto Bruto Interno (PBI) aumentó un 74%, lo que se tradujo en una pérdida del 12% en la participación de los trabajadores asalariados en la riqueza generada por el país. El director del Instituto, Milton Castellano, planteó la necesidad de incorporar indicadores de distribución de la riqueza y desigualdad a la negociación colectiva, más allá de la evolución de los salarios frente a la inflación.

Este jueves 22 de octubre se realizó, en la sede del PIT-CNT, un desayuno de trabajo con periodistas especializados en economía, durante el cual el Instituto Cuesta Duarte presentó un informe sobre la evolución de la masa salarial y su participación en el Producto Bruto Interno (PBI).

El estudio analiza cómo se distribuye la riqueza generada en el país entre los trabajadores asalariados, el capital y el Estado, y aporta elementos para comprender la evolución de los ingresos laborales en relación con el crecimiento de la economía. Desde el PIT-CNT se destacó la importancia de incorporar esta perspectiva a la negociación colectiva y al análisis de la desigualdad.

La distribución de los ingresos y el peso de los salarios

La economista y coordinadora técnica del Instituto Cuesta Duarte, Alejandra Picco, explicó que el objetivo del informe es “poner a disposición datos e indicadores que no se publican periódicamente por parte de los organismos e institutos encargados de relevar información oficial”.

Señaló que el trabajo propone una mirada sobre la distribución funcional de los ingresos, es decir, sobre cómo se reparte el total de la riqueza generada en la economía -aproximada a través del PBI- entre el trabajo, el capital y el Estado, mediante los impuestos netos.

Al analizar la participación de la masa salarial en el PBI, explicó, se busca determinar “qué proporción del producto generado en la sociedad corresponde a los trabajadores asalariados en relación de dependencia”. Por ese motivo, el cálculo excluye a los trabajadores por cuenta propia y a los patrones, cuyos ingresos pueden provenir tanto del trabajo como del capital.

Picco indicó que existe una relación entre la distribución personal de los ingresos y la participación de la masa salarial en el PBI. “Cuando mejora la distribución personal, también puede aumentar el peso de los salarios en el producto, y viceversa”.

Asimismo, señaló que las comparaciones internacionales muestran un “vínculo” entre el ingreso per cápita de los países y la participación de la masa salarial en sus economías. En general, en los países más desarrollados, el peso de los salarios en el producto es mayor, mientras que en los menos desarrollados esa participación suele ser más reducida.

La economista también reafirmó la importancia de incorporar “indicadores y correctivos por inflación en la negociación colectiva, porque constituyen herramientas fundamentales para garantizar el mantenimiento del poder adquisitivo de los trabajadores”. A partir de esa base, sostuvo, es posible discutir cuánto crecerá el salario real y evitar que esa evolución quede librada a la incertidumbre al momento de negociar convenios o alcanzar acuerdos en los Consejos de Salarios.

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La masa salarial creció, pero el PBI lo hizo a un ritmo mayor

El economista del Instituto Cuesta Duarte, Julián Rapetti, fue el encargado de presentar los principales resultados del informe. Explicó que la metodología utilizada para calcular la masa salarial se apoya en tres componentes: “la cantidad de trabajadores asalariados, las horas trabajadas por cada trabajador y el salario por hora”.

El análisis comprende el período 1998-2025 y muestra que la cantidad de asalariados aumentó un 29% respecto al nivel registrado al comienzo de la serie.

Rapetti señaló que el empleo asalariado tuvo un crecimiento importante hasta 2014, año en que alcanzó uno de sus máximos. “Posteriormente experimentó un leve retroceso y, en la actualidad, se encuentra nuevamente en niveles similares a los de aquel año”.

En términos absolutos, “la cantidad de asalariados pasó de aproximadamente 970.000 en 1998 a 1.2 millones en 2025”. Según explicó, el período estuvo marcado por distintas etapas, “una caída entre 1998 y 2003, asociada a la crisis económica; una fase de expansión sostenida hasta 2014; un período de menor crecimiento y estancamiento del mercado laboral hasta la pandemia (2020) y una recuperación posterior”.

El economista indicó que los asalariados representan aproximadamente el 70% de las personas ocupadas en Uruguay, mientras que los trabajadores por cuenta propia constituyen alrededor del 25%.

Sin embargo, “el incremento de la cantidad de asalariados no se tradujo en un aumento equivalente de las horas trabajadas”. El informe muestra que las horas promedio de trabajo “disminuyeron” y que, en la actualidad, se encuentran aproximadamente un 10% por debajo del nivel de 1998.

Al combinar la evolución del empleo asalariado con la cantidad de horas trabajadas, el índice de horas de trabajo asalariado registra un aumento del 17% desde 1998. Si a ese resultado se incorpora la evolución del salario real, la masa salarial acumulada “creció un 54% en el período analizado”.

No obstante, “el PBI registró un incremento del 74%, veinte puntos porcentuales por encima del crecimiento de la masa salarial”.

Esta diferencia constituye uno de los principales resultados del estudio. “Si bien la masa salarial aumentó en términos reales, lo hizo a un ritmo menor que el conjunto de la economía. Como consecuencia, disminuyó la proporción de la riqueza generada que corresponde a los trabajadores asalariados”.

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De acuerdo con los cálculos presentados por Rapetti, “la participación de la masa salarial en el PBI cayó un 12% entre 1998 y 2025”.

El economista explicó que “entre 2003 y 2014 se produjo una recuperación de la participación salarial tras las pérdidas ocasionadas por la crisis de comienzos de siglo. Sin embargo, desde 2014 la masa salarial se estancó en relación con la evolución del producto, que continuó creciendo a un ritmo superior”.

Rapetti advirtió que estos indicadores reflejan cambios estructurales que deben analizarse en períodos prolongados. Por ese motivo, las variaciones de un año a otro no necesariamente representan transformaciones profundas, aunque permiten identificar tendencias.

El informe también examinó la evolución más reciente de los indicadores. Entre 2024 y 2025, la cantidad de asalariados aumentó un 0,2%, mientras que las horas promedio trabajadas disminuyeron un 0,5%. “La combinación de ambos componentes determinó una caída del 0,4% en las horas de trabajo asalariado”.

Al incorporar la evolución de las remuneraciones, el índice de masa salarial registró un crecimiento del 0,7%. Sin embargo, el PBI en términos reales aumentó un 1,8%, por lo que la participación de la masa salarial en el producto volvió a disminuir, en torno a un 1% respecto al año anterior. Rapetti recordó que “esta tendencia ya había sido advertida en el informe precedente”.

El economista también explicó las dificultades metodológicas que supone medir los ingresos de los trabajadores por cuenta propia. En estos casos, resulta complejo distinguir qué parte de los ingresos corresponde al trabajo y cuál al capital.

Algunos trabajadores independientes, por ejemplo, pueden desempeñarse en condiciones similares a las de un trabajador dependiente, mientras que otros desarrollan actividades más cercanas a las de una empresa. Por ese motivo, sus ingresos se clasifican como “ingresos mixtos”.

En conjunto, estos elementos permiten comprender por qué el análisis de la distribución de la riqueza requiere considerar no sólo la cantidad de puestos de trabajo o la evolución de los salarios, sino también las horas trabajadas y la participación de los distintos sectores en el producto.

El Instituto Cuesta Duarte también elaboró una proyección para el próximo año, a partir de las estimaciones incluidas en la Rendición de Cuentas y de las perspectivas de evolución del empleo, la inflación y el crecimiento económico.

Rapetti explicó que, si se cumplen esas previsiones, “la masa salarial podría crecer moderadamente respecto al año actual”. No obstante, aclaró que “las estimaciones son sensibles a las variaciones del producto y del empleo, especialmente en un contexto de bajo crecimiento económico”.

Para proyectar la evolución de las remuneraciones, el Instituto tomó como referencia los lineamientos salariales presentados para la actual ronda de Consejos de Salarios. El economista señaló que “los aumentos efectivamente acordados podrían ser algo superiores a los contemplados en esos lineamientos”.

En ese escenario, la expectativa es que la participación de la masa salarial en el PBI se mantenga relativamente estable, sin grandes variaciones en uno u otro sentido.

Rapetti sostuvo que esta eventual estabilización estaría asociada, en buena medida, a que “los salarios crecerían por encima del producto, en un contexto de escaso crecimiento económico”. Aclaró, sin embargo, que “esto no responde necesariamente a la aplicación de una política específica orientada a aumentar la participación salarial, sino a la combinación de los acuerdos alcanzados y las perspectivas de crecimiento”.

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Incorporar la desigualdad a la negociación colectiva

Por su parte, el director del Instituto Cuesta Duarte, Milton Castellano, destacó la importancia del informe como “insumo para la discusión sindical y la elaboración de las plataformas de negociación colectiva”.

Recordó que a mediados de 2027 se desarrollará una nueva ronda de negociación colectiva que abarcará prácticamente la totalidad de la actividad privada y pública, en lo que se perfila como una instancia de especial relevancia para el movimiento sindical.

Castellano explicó que el Instituto se propuso “modificar parcialmente los criterios utilizados tradicionalmente para analizar la evolución de los salarios y aportar elementos que permitan ampliar la mirada sobre la distribución de los ingresos”.

Señaló que, debido a la persistencia de la inflación en Uruguay durante las últimas décadas, los sindicatos desarrollaron la costumbre de medir los resultados de la negociación colectiva en función de la evolución de los precios. En ese marco, conseguir aumentos salariales por encima de la inflación se consideraba una conquista, porque permitía mejorar el poder adquisitivo.

Sin desconocer la importancia de ese indicador, Castellano sostuvo que “la discusión debe ampliarse cuando la inflación disminuye y deja de ser el único elemento determinante de la evolución de los ingresos”.

En ese sentido, explicó que la estrategia del PIT-CNT comenzó a incorporar con mayor fuerza el concepto de “desigualdad”, una perspectiva que trasciende la medición de los ingresos individuales.

Como ejemplo, mencionó las propuestas vinculadas a los salarios sumergidos y la iniciativa de gravar con un 1% a los sectores de mayores ingresos, que también apunta a abordar las desigualdades existentes en la sociedad. “Queremos incorporar en la negociación colectiva y en nuestras miradas, con mayor fuerza, el tema de la desigualdad”, afirmó.

Para Castellano, los datos del informe muestran que “la economía puede crecer sin que los trabajadores participen en la misma proporción de esa expansión”. La masa salarial aumenta en determinados períodos, pero en otros pierde terreno frente al crecimiento del producto.

Esa diferencia, advirtió, tiene consecuencias que no siempre pueden revertirse en los años posteriores. “Cuando cae la participación de los salarios en la riqueza generada, se produce una transferencia de ingresos hacia otros sectores de la sociedad que no necesariamente se recupera después”.

El director del Instituto consideró que esta perspectiva permite analizar de otra manera los efectos de las crisis económicas. “Si durante esos períodos se hubiera mantenido la participación de los trabajadores en el producto, aun con una economía en retroceso, se habría evitado parte de la transferencia de ingresos que posteriormente resulta difícil recuperar”.

De acuerdo con los datos presentados, la participación actual de la masa salarial se ubica en torno al 40% del PBI. El resto corresponde a los ingresos mixtos, los ingresos del Estado (impuestos menos subvenciones) y el excedente de explotación, que comprende las rentas del capital, la tierra y otros activos.

Castellano sostuvo que “la ampliación de la mirada sobre la distribución de la riqueza también exige incorporar nuevos temas a la negociación colectiva, entre ellos la productividad, la tecnología, la inteligencia artificial, la concentración económica y la perspectiva de género”.

En relación con la productividad, señaló que, aunque el sector empresarial suele mencionarla como un componente central de la competitividad, todavía no se han consolidado ámbitos institucionales suficientes para discutirla de manera sistemática entre trabajadores y empleadores.

Como ejemplo de un avance, mencionó el convenio colectivo de la construcción firmado recientemente, que incorporó una “cláusula para crear un observatorio destinado a medir la productividad en ese sector”.

Castellano consideró que estos asuntos adquieren cada vez más relevancia ante las transformaciones que experimenta el mundo del trabajo.

En particular, señaló que la incorporación de nuevas tecnologías no implica necesariamente una “reducción de la cantidad de trabajadores, sino que también puede modificar las funciones, los roles y las características de los empleos”. Por ese motivo, sostuvo que “los sindicatos deben incorporar estos cambios a sus análisis y estrategias de negociación”.

También destacó la importancia de “contemplar las diferencias de género y las particularidades de los distintos sectores de actividad, en un contexto en el que las transformaciones tecnológicas y económicas pueden tener efectos desiguales sobre los trabajadores”.

Recordó, además, que Uruguay cuenta con una tradición de negociación colectiva por sectores y ramas de actividad que se remonta a 1943. En ese marco, valoró los avances alcanzados en la articulación entre organizaciones sindicales y empresariales, como el acuerdo entre la Cámara de Industrias y los sindicatos industriales para analizar la situación del sector.

Destacó el aporte del Instituto Cuesta Duarte en la elaboración de información que permita fundamentar las propuestas sindicales y contribuir a que las discusiones sobre salarios, productividad y distribución de la riqueza tengan una base objetiva.

Para el director del Instituto, “el desafío consiste en ampliar los instrumentos de análisis del movimiento sindical para avanzar hacia una sociedad más justa y equilibrada, en la que la evolución de los salarios se examine no sólo en relación con la inflación, sino también con el crecimiento económico y la distribución de los ingresos”.